jueves, 2 de abril de 2015

Estancanda

Sueño del 1/04/2015


El sonido de mis propios chapoteos me hizo abrir los ojos, aunque al principio no pude ver nada. El sol se encontraba muy alto y su luz me cegó. Volví a cerrar los ojos con molestia mientras me daba cuenta de que me estaba hundiendo en el agua. Me moví estúpidamente, yo creía saber nadar, pero mis piernas y mis manos no podían coordinarse para realizar los movimientos necesarios. Aun así, me mantuve a flote con la cabeza fuera del agua, respirando agitadamente. Noté que rozaba el suelo con la punta de mis pies, así que intenté apoyarme en él. Bajé los talones al suelo y mi cabeza quedó cubierta por el agua; no podía hacer pie sin ahogarme. Impulsándome hacia arriba, seguí realizando torpes movimientos para mantenerme a flote. Al sentir el suelo con la planta de los pies, noté que era liso, regular y muy suave. Abrí los ojos progresivamente, ya se habían acostumbrado a la luz; estaba en el medio de una piscina. El agua parecía tener un color azul, a causa de la pintura de las paredes y suelo. La piscina tenía un gran tamaño, pero podía ver sus límites. Allí donde acababan cada uno de los extremos empezaba directamente un bosque de lo que parecía algún tipo de conífera. La frondosidad me impedía ver nada más allá de tres o cuatro filas de árboles. Justo encima de mí podía ver el cielo, enmarcado por la parte superior de los árboles y con el sol justo en el centro del espacio rectangular que dejaban. Pero no podía concentrarme en escrutar lo que me rodeaba, ya que me costaba mucho trabajo simplemente mantenerme a flote.
No se cuando empezó a cambiar, pero me di cuenta de que la luz ambiental había variado; todo estaba bañado de color rosa y naranja, como al atardecer. Miré hacia arriba y no pude encontrar el sol por ninguna parte, sólo pude ver el cielo teñido de color naranja y unas pocas nubes que antes no estaban. Noté entonces algo diferente en el agua, la resistencia que ofrecía ante el movimiento de mi cuerpo había disminuido notablemente; con el mismo esfuerzo que había estado realizando antes, ahora me podía mover mucho más rápido. Mantenerme a flote era muy sencillo y casi no costaba trabajo. Incluso pude notar cómo los ridículos movimientos de mis extremidades me desplazaban ligeramente de lugar. Me propuse llegar hasta uno de los extremos laterales, el que parecía estar más cerca; cuando comencé a desplazarme me di cuenta de que la nueva coyuntura no era suficiente para moverme con rapidez. Seguí avanzando de todos modos, fijando la vista en los árboles que colindaban con el lateral de la piscina, haciéndose éstos cada vez más grandes. Pero, aunque ahora me costaba mucho menos desplazarme, lo torpe y desordenado de mis movimientos me agotaba y cada vez me dolían más las piernas. Notando el gran esfuerzo al que estaba sometiendo a mi cuerpo, me empujé un poco más, estiré el brazo y rocé el borde de la piscina.
Por supuesto, la noche cayó entonces. El cielo era negro, y en él brillaba lo que identifiqué como una aurora boreal. Podía intuir que el bosque seguía ahí, aunque no distinguir nada más allá de los árboles pegados al extremo de la piscina; pero todo eso daba igual. Mi brazo se había quedado totalmente inmóvil. Cuando intenté acercarlo unos centímetros más para agarrar el borde simplemente no pude, no podía ni siquiera notar visualmente el esfuerzo que estaba realizando. Mi cuerpo no se movía un milímetro. A la luz tenue de la aurora descubrí que lo que antes era líquido ahora era totalmente sólido, aunque seguía siendo transparente. Durante un momento me alivié, pues ya no tenía que seguir aleteando. Todo mi cuerpo agradeció el descanso y alcé la cabeza para admirar la aurora boreal.
El hormigueo comenzó por mis pies, subiendo rápidamente por mis piernas, extendiéndose por mi pecho y alargándose hacia mis dedos. La sensación era muy similar a la que se siente cuando algún miembro deja de recibir sangre durante un tiempo y “se duerme”. No podía en este caso moverme para hacer que parase, de hecho empezaba a no sentir nada por debajo de mi cuello. Giré mi cabeza hacia el brazo que se había quedado extendido hacia el bordillo y lo que observé no me sorprendió en absoluto. Mis dedos se estaban deshaciendo. Como si hubiese echado disolvente a una pintura, los bordes de mi cuerpo se comenzaron a difuminar a la vez que mi carne se dispersaba a través de todo el material que llenaba la piscina. Lo que habían sido mis dedos, mi codo, mi hombro, se derretían dentro de esta masa. Los colores, tanto de mi piel como de mis entrañas se fundieron creando un color neutro, fruto de la mezcla de todos ellos, que se extendía a lo largo de toda la piscina. Ahora volvía a sentir algo por debajo de mi cabeza. Sentía las cuatro paredes de la piscina, sus esquinas, su profundidad y hasta los recovecos entre azulejo y azulejo que cubrían paredes y suelo, que yo ahora rellenaba. Sentía cómo toda esta masa en la que mi cuerpo se había disuelto (y que ahora era mi “cuerpo”) encajaba perfectamente en la piscina. Mi cabeza, que seguía intacta se elevó para observar la aurora una vez más. Entonces grité:
- ¡¿Y ahora, qué?!

domingo, 22 de marzo de 2015

Evacuación


Sueño 17/03/2015

-Las posibilidades de desbordamiento han provocado que toda la zona norte se encuentre en alerta roja. Los pantanos se encuentran al límite de su capacidad. Los habitantes de las zonas en peligro deberán abandonar sus residencias obligatoriamente. Dispositivos militares están siendo desplegados para efectuar las evacuaciones...
Dejé de escuchar el televisor mientras me acercaba a la ventana. Observé a dos pájaros disputándose algo que no llegaba a distinguir, lanzándose agresivos picotazos y graznando tan fuerte que los oía por encima de la voz del televisor. Me quedé un buen rato mirándolos; ninguno conseguía ganar, aunque ambos tenían ya heridas abiertas que sangraban levemente. Comencé a sentir entonces un fuerte dolor en la cabeza, me llevé las manos a las sienes e intenté aliviar el dolor presionándolas con los dedos.
-...los expertos hablan de catástrofe total. Las perdidas materiales ya se calculan en torno al 80%, mientras que las humanas podrían llegar al 90% en las zonas donde las evacuaciones sean más difíciles. El presidente ha declarado...

¿Qué me había recetado el doctor para esto? “Tendrás que tomarte estas cinco pastillas tres veces al día” Pero por alguna razón no podía recordar dónde estaban esas pastillas. De hecho no tenía ningún recuerdo de haber tomado ninguna pastilla, ni siquiera recordaba haberlas comprado. ¿Qué más me dijo el doctor? “Te sacaremos eso de ahí, no te preocupes” ¿A qué se refería? ¿Sacarme qué?
-...hemos desplegado todos los dispositivos disponibles, pero necesitamos que todos los ciudadanos sigan estrictamente nuestras indicaciones. Podemos hacer de ésta una catástrofe menos grave, pero necesitamos que sigan al pie de la letra las órdenes de los militares que se están encargando de la organización de las evacuaciones...

El dolor se volvía cada vez más fuerte, tenía que hacer algo para pararlo. Me senté en una silla cercana y cerré los ojos. Apareció en ese momento una imagen clara en mi mente; pude ver aquello que estaba dentro de mi cabeza. Era una especie de bola dura incandescente que cada vez se hacía más grande, y que gradualmente iba poniéndose más caliente. Vi con claridad cómo esa bola me estaba quemando los sesos, cómo toda la masa viscosa que estaba alrededor de la bola y que se encontraba en contacto con ella se tornaba de color negro.
-...tenemos hoy con nosotros a varios expertos en catástrofes que nos podrán explicar cuales serán las consecuencias de las inundaciones. También nos acompaña hoy un representante religioso, y les adelanto que asegura que esto es un castigo divino.

Las piernas me temblaban pero me levanté y me acerqué a la mesa de té, donde había dejado un cuenco y una cuchara después de comer. Agarré la cuchara y me senté en el sofá enfrente de la televisión. Moví mi brazo por encima de mis hombros mientras giraba la muñeca para colocar la cabeza de la cuchara tocando la tapa de mis sesos. Con suavidad introduje la punta de la cuchara en mi cabeza; ésta se había ablandado tanto (por el calor, supuse) que tuve la sensación de estar atravesando un bol de gelatina. No me costó mucho encontrar la bola, ya que había aumentado considerablemente de tamaño; la recogí y la saqué de allí.
-...sinceramente, creo que lo merecemos. Hemos desafiado a dios en innumerables ocasiones.¿Que harían ustedes si su hijo rompiera y estropeara todo lo que usted le ha dado con cariño? Le castigarían, ¿no es así?...

Coloqué la bola en el cuenco, tenía el tamaño de una manzana y estaba tan caliente que humeaba, incluso la cuchara se había doblado a causa del calor que emitía. Estaba cubierta por una sustancia negra, probablemente mis sesos. Pero me sentía mucho mejor, el dolor había desaparecido y ahora solo tenía una sensación rara en la cabeza. Supuse que era una consecuencia normal de andarse con una cuchara en el cerebro. Me volví a levantar, ya no me temblaban las piernas y sonreí. Miré a través de la ventana los árboles del parque, que se habían secado, ya que últimamente había hecho mucho calor. Mis ojos se fijaron en el lugar donde antes habían estado los pájaros peleando. Una mueca vino a mi boca cuando me di cuenta de que ya solo quedaba uno en pie, disfrutando de su premio. Sus ojos se volvieron hacía mi, y supe que sonreía.

miércoles, 21 de enero de 2015

Hasta los huesos, nena.

Sueño del 27/02/72013

Me levanto, todavía es de noche. Me siento desorientada y la habitación es un cúmulo de otras habitaciones donde alguna vez he dormido. Abro una puerta que de repente aparece allí en medio, salgo a gatas por el pasillo que está forrado de rasposa moqueta y arrastro mis piernas hacia las tinieblas. No se qué estoy haciendo, pero estoy en la cocina y mis manos buscan a tientas algo en un cajón. ¿Buscan un cuchillo? Pronto soy respondida, no es eso lo que estaban buscando, el objeto que mis manos ahora agarran firmemente es un pelador de patatas; lo agarran como un niño agarra una piruleta, con fuerza y con miedo (a que se caiga)
De pronto me hallo en el servicio. Una luz se enciende y allí encuentro al ser que se refleja cuando miro al espejo. Y lo miro y le escupo.
Pronto, rápido, delicadamente mis manos emprenden su tarea deseada. Agarrado bien el pelador, lo acercan a mi cuello. Amenazan y se ríen de mi mientras yo no me siento demasiado angustiada; pero pronto me percato de que no cortarán a lo largo de la carretera, sino que, vaya, parece que me quieren pelar como si fuera una zanahoria.
Enfundado el pelador en mis manos y sin apartarse éstas de mi cuello, comienzan a moverse con la agilidad de un barbero y empiezan a pelar la carne desde mi barbilla, a través de mi garganta. Una y otra vez aparecen restos de músculo y grasa que mis ojos apáticos ven caer al lavabo, que no se ensangrienta. Con gesto simple y preciso me han dejado sin papada. Ya no queda nada, y mis ojos asemejan contentos al observar mi nuevo perfil. Parecen consentir cualquier futuro movimiento a mis manos.
Satisfechas como un escultor al contemplar su obra, frenéticas mis manos se mueven y excitan cada vez más. Raudas se deslizan por toda mi cara, pulen mi barbilla y diseñan mis labios. Conscientes de mi aprobación velada desfilan hasta mi nariz, donde cortan y tallan hasta dejar en medio de mi cara algo pequeño que se asemeja más que a una nariz, a una fresa.
Yo estoy complacida con el serrín que han dejado en el suelo.
Pero las manos avariciosas no se contentan con dejar mi rostro así. Ellas quieren que su obra sea suya hasta el final. Yo quiero imponer mi autoridad sobre ellas, sin darme cuenta de que ya hace tiempo claudiqué.
Mis manos entusiasmadas vuelven a acercar su arma a mi piel, serpentean hacia mis brazos donde eliminan lo que sobra, resbalan hacia mi vientre esculpiéndolo, giran hacia mi espalda como si bailasen y reducen mis glúteos a la esencia, bajan a mis muslos donde dejan un artístico hueco entre las dos piernas y terminan detallando mis gemelos y mis tobillos ahora ambos finos como una rama nueva en primavera.
Estoy contenta claro, claro. Y parece que empiezo a sentir el mismo éxtasis que mis manos y mis ojos sufren, y parece que no me percato de que la talla se vuelve violenta, de que no hay rastro de artista donde ya solamente hay de carnicero. Siguen pelando, cortando y rasgando la ridícula figura que forman mis (ya escasas) carnes. Pronto, muy pronto no quedan huesos ni pestañas. Ya no queda ni siquiera sujeto que pueda mirar su reflejo.
Pero vuelve a la cama.